“EL CIRUJANO DE LAS BARBIES”

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Carlos Ramos Corena representa para muchas personas el ejemplo de la criminalidad impune en el ejercicio ilegal de la medicina, mientras para otros es un héroe que desafía los esquemas tradicionales del éxito en un campo tan exigente como el de la cirugía plástica.

La sentencia que lo condena a responder penalmente por el homicidio de TATIANA POSADA JIMÉNEZ no le pone fin a la cirugía plástica ilegal, pero tampoco será igual debido a que se rompió el mito según el cual no se necesita ser especialista en esa actividad para poder ejercerla, pues quedó claro que la falta de preparación es una verdadera imprudencia.

Durante el largo proceso la familia de Tatiana sufrió por la lentitud de la justicia y la facilidad con la que hasta ahora se habían burlado de ella en este tema específico.

Luz Jiménez ha debido aguantarse al autor del crimen de su hija diciendo por todas partes que ha hecho miles de operaciones que han salido bien porque no necesita título de especialista y, al mismo tiempo, que no ha operado a nadie porque su rol es de simple ayudante de otros que sí son cirujanos plásticos. Se lo ha tenido que aguantar exhibiendo documentos que él mismo dice que son prueba de su inocencia mientras en el mundo judicial resultaron sirviendo precisamente para lo contrario.

La sentencia no fue lo que la familia esperaba: no abordó la mayoría de los alegatos de sus abogados que resaltaban múltiples irregularidades adicionales a las que fundamentaron la condena, y esta última es prácticamente simbólica porque debido a su escasa cuantía resultó siendo objeto de suspensión, lo que significa que el condenado podrá seguir en libertad ejerciendo la medicina.

Esta realidad que para muchos puede ser insólita es parte del enfoque de Ley y de nuestro sistema: fuerte con el débil y débil con el fuerte. Los médicos generales que hacen fortunas ejerciendo la cirugía plástica se cuentan por montones al igual que sus víctimas, son tan poderosos que han logrado impedir que se legisle a favor de la salud pública y en contra de sus intereses bajo la cómoda sombra de la dificultad estatal para investigar y llevar sus delitos a juicio debido a la complejidad probatoria y a que en las pocas ocasiones que se presenta un caso judicialmente viable se las arreglan para lograr que la víctima quiera desistir.

Pese a esto, ya existe una condena judicial. Una condena que puede ser apelada, pero que desde ahora se constituye en el más importante antecedente judicial en Medellín en esta materia, capaz de lograr unos efectos de sanción social muchísimo más relevantes que el castigo formal mismo: el falso cirujano podrá seguir ejerciendo por ahora la medicina, pero de manera subterránea, en un inframundo en el que sus pacientes sean únicamente aquellas personas que acepten la posibilidad de resultar lesionadas o muertas únicamente por apoyar a quien consideran un irreverente de la medicina.

La justicia le dio a la familia de Tatiana el enorme respiro que significa que un Juez de la República sea quien señale que esta joven no se murió por simple mala suerte, ni por su propia imprudencia, sino que la mataron.

Muchos han denunciado los peligros de este fenómeno desde mucho antes y nadie les quiso poner suficiente cuidado. Lo señaló desde hace más de doce años Bernardo Alejandro Guerra, el único dirigente político del país que ha confrontado permanentemente este fenómeno, y lo han señalado muchas mujeres víctimas y aguerridos periodistas que a pesar de su valentía terminan siendo víctimas de acoso judicial y de censura.

El tiempo le suele dar la razón a quienes denuncian, pero tarde: tan pronto se conoció la condena contra Ramos Corena, aparecieron otras víctimas en redes sociales denunciando casos en los que incluso se le cuestiona nuevamente por ejercicio ilegal de la medicina en otros países. Lo que tienen en común dichas víctimas es que creyeron haberse puesto en buenas manos porque “ningún Juez había dicho lo contrario”.

Habrá quienes digan que la presunción de inocencia se mantiene hasta que la última instancia diga lo contrario, lo cual es cierto si nos reducimos al mundo de lo judicial, y habrá quienes crean que la Jueza del caso se equivocó o que hace parte de un complot contra los irreverentes emprendedores, lo que es tonto porque el sustento del fallo es más que sólido; pero de ahora en adelante ese tenebroso negocio ya no será el mismo porque el que hasta ahora fue el símbolo del “todo vale” para los falsos cirujanos plásticos, cayó precisamente en la arena en que se refugiaba con más comodidad y donde se creía invencible.

De ahora en adelante ninguna clínica respetable prestará tranquilamente sus quirófanos para que allí operen estos personajes. De ahora en adelante los cirujanos plásticos titulados que prestan su firma para “legalizar” historias clínicas lo pensarán dos y hasta tres veces. De ahora en adelante los “cirujanos de las Barbies” bajan a otra categoría, donde se mueven las actividades públicamente consideradas de alto riesgo.




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